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Parashá de la semana: Bereshit

Shabat Shalom.

La Luz Oculta de la Creación

וַיַּ֧רְא אֱלֹהִ֛ים אֶת־הָא֖וֹר כִּי־ט֑וֹב וַיַּבְדֵּ֣ל אֱלֹהִ֔ים בֵּ֥ין הָא֖וֹר וּבֵ֥ין הַחֹֽשֶׁךְ׃

En la Parashá de esta semana, Bereshit, leemos sobre el inicio de todo. La Torá describe el acto de la creación, comenzando con la famosa declaración: "En el principio, D's creó los cielos y la tierra" (Bereshit 1:1). En el primer día, D's dice: "Haya luz", y la luz surge. Inmediatamente después, la Torá nos dice que D's vio que la luz era buena y, a continuación, "D's separó la luz de la oscuridad" (Bereshit 1:4). Este acto de separación, o havdalá, es fundamental. No bastaba con crear la luz; era necesario definir su propósito y su lugar, distinguiéndola de la oscuridad. Este acto establece un patrón para todo el resto de la creación: orden, distinción y propósito.

La naturaleza de esta luz primordial ha intrigado a nuestros Sabios por generaciones. ¿Qué luz era esa, creada incluso antes del sol y la luna, que solo aparecerían en el cuarto día (Bereshit 1:14)? Rashi (Bereshit 1:4), citando la Agadá, explica que esta no era una luz común. D's vio que esta luz era tan intensa y espiritual que no era apropiado que los impíos la utilizaran. Por lo tanto, Él la separó y la escondió para los justos en el Mundo Venidero. La luz que vemos hoy del sol es solo un eco, un reflejo de aquella luz original y deslumbrante.

En la Massechet Chagigah 12a, los Sabios profundizan en este concepto. Se enseña que con esta luz primordial, Adam HaRishon (el primer hombre) podía ver de un extremo al otro del mundo. Sin embargo, cuando D's previó las generaciones corruptas que vendrían, Él "la escondió" (ganzo). La pregunta, entonces, es: ¿a dónde fue esta luz? El mismo pasaje explica que fue escondida en la Torá. La luz no fue extinguida, sino infundida en las palabras y los mandamientos de la Torá, donde los justos pueden encontrarla y conectarse con ella a través del estudio y la práctica.

Lección Práctica: Revelando la Luz Interior

La lección para nosotros es profunda y fortalecedora. Aunque el mundo pueda parecer, a veces, estar sumergido en la oscuridad —en el caos del tohu vavohu (Bereshit 1:2)—, la luz primordial no se ha perdido. Está a nuestro alcance. Cada vez que estudiamos Torá, cumplimos una mitzvá o realizamos un acto de chessed (bondad), estamos extrayendo de esa reserva oculta de luz espiritual. Estamos reencendiendo una chispa de la creación en nuestro propio mundo. El proceso de teshuvá (arrepentimiento) es, en sí mismo, un acto de havdalá personal: separar la oscuridad de nuestros errores de la luz de nuestra alma, que anhela reconectarse con su fuente. Nuestra tarea en esta vida es buscar activamente esa luz, cultivarla dentro de nosotros y usarla para iluminar el mundo a nuestro alrededor, revelando la bondad inherente que D's vio en el primer día de la creación.

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